EL MOLON
En el municipio
valenciano de Camporrobles se encuentra el yacimiento arqueológico de El Molón,
ubicado en la plataforma superior de una gran muela cretácea a 1.124 metros de
altura. Una de las principales características de este yacimiento reside en su
posición geográfica, ubicada justo en el cruce de las vías que descendían de
las serranías de Cuenca y Albarracín hacia las costas levantinas por el
corredor de Utiel y Requena. Un privilegiado emplazamiento que además
proporcionaba en el pasado gran dominio visual sobre esta zona de transición a
íberos y celtíberos.
El poblado ibérico del
Molón fue ocupado por los íberos durante varios siglos (desde el VII a. C. hasta
el I a. C.). Los arqueólogos que han dirigido la mayor parte de las excavaciones
realizadas en el Morón, Alberto Lorrio Alvarado y María Dolores Sánchez del
Prado, el Molón estuvo habitado por los íberos desde el final de la Edad del
Bronce o inicios de la Edad del Hierro hasta la segunda mitad del siglo I antes
de Cristo. Presenta forma alargada y se encuentra estructurada en varias
plataformas. La central, más amplia, fue la elegida como lugar de asentamiento
pues resulta muy apta para el desarrollo urbanístico, al tiempo que presenta
unas condiciones defensivas inmejorables, al quedar delimitada en buena medida
por abruptos escarpes.
Del nivel prerromano se conserva principalmente el sistema defensivo, hasta el punto de convertirlo en uno de los grandes ejemplos de la poliorcética ibérica y celtibérica. Los hallazgos más espectaculares se han centrado en el poblado de la Edad del Hierro, cuya superficie de 2,65 hectáreas, que sería mayor dada la existencia de barrios extramuros, hacen que pueda ser considerado como un oppidum de pequeño tamaño.
La gran defensa natural del lugar se completó, a lo largo de un centenar de metros, con una muralla longitudinal muy bien conservada por el norte y el oeste, las zonas más accesibles, mientras que un gran torreón rectangular de unos 40 m², un antemural o torre adelantada y un foso de unos 20 m de longitud y casi 5 de ancho, con el que se relaciona una poterna magníficamente conservada, defienden el istmo situado en el lado este, el más vulnerable. Sendas torres, de las que en la actualidad no quedan prácticamente restos, flanquearían la puerta principal de acceso al poblado, a la que se llegaría por un camino tallado en la roca, que conserva los profundos surcos producidos por las ruedas de los carros.
El poblado estuvo
dotado de varias cisternas talladas en la roca, dos en el interior del hábitat,
y otra, de más de 20 metros de profundidad, al exterior del recinto, junto al
camino que se dirigía hacia el acceso principal. En las inmediaciones del poblado
se documenta la necrópolis, de incineración en urna, lamentablemente destruida
casi en su totalidad. Destaca asimismo la existencia de una cueva-manantial
situada a los pies de la ladera suroccidental, interpretable como un santuario.
El yacimiento se abandonó en época romana al pasar los asentamientos a la llanura, aunque el lugar seguiría visitándose durante esa época, dada la presencia esporádica de materiales de los primeros siglos de nuestra era. El poblado se recuperaría nuevamente en un momento indeterminado de la segunda mitad del siglo VIII, para abandonarse definitivamente hacia el siglo X como lugar de hábitat. Se reocupó como observatorio militar del aeródromo cercano durante la Guerra Civil y como campo de cultivo durante la década de 1940.
Fuente: Wikipedia
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